Hace tres días que intento escribir un análisis electoral, propuestas de futuro,y hasta la fecha no he podido.
No he podido porque es evidente que esto es un desastres, que hay mucha culpa del bipartidismo, de los poderes mediáticos, pero también hay mucha responsabilidad de nosotros y nosotras y lo que más miedo me da, no personal sino por el futuro de IU, es como se gestione el análisis de esa responsabilidad. Hoy me animo a escribir porque hemos empezado mal, aunque ese plural inclusivo en realidad no me incluye, por eso corregiré y diré que algunos hemos empezado bien, y otros han empezado mal.
Hemos empezado bien todas las personas militantes que en sus espacios de expresión, sean los que sean, han expresado su tristeza y a la vez sus ganas de seguir adelante, de revisar nuestros errores para mejorarlos, de ser el referente honesto y plural de ese millón de votos que nos ha apoyado y de todos aquellos que lo pensaron en algún momento pero que al final no dieron el paso y que hoy piensan que IU no puede desaparecer.
Han empezado bien las personas que han asumido su responsabilidad sin paliativos, sin paños calientes, sin excusas posibles y han dado un paso atrás, y han abierto un camino para refundar de verdad una fuerza política cuyo principal problema es que no representa a quien aspira a representar.
Sin embargo, han empezado mal quienes no han tardado ni dos días en ver en el resultado la oportunidad de hacerse con el poder de una organización en grave crisis, han empezado mal quienes formando parte de la dirección federal no han asumido corresponsablemente el descalabro electoral junto al coordinador. Han empezado mal quienes no se evalúan a ellos mismos en la tarea política desarrollada en los últimos años o en el trabajo realizado en la campaña electoral.
Espero, como militante, como enamorada de este proyecto político que se llama Izquierda Unida y como amiga de todas las gentes honestas, responsables y profundamente comprometidas con la transformación de la realidad que militan en los lugares más insospechados de la geografía social y política de este país, que se imponga la razón del conjunto y no los intereses de las partes.
Para ello, espero que la comisión creada hoy para abordar el proceso de relanzamiento se comprometa a preparar un proceso asambleario que sea realmente extraordinario para nuestra organización, que por primera vez en nuestra historia se mire en el espejo de la sociedad en la que vivimos y se revise en todas sus tesis con honestidad y voluntad de avance, sin dogmatismos ni ideas preconcebidas y, sobre todo que se cuente con toda la militancia en la formulación de propuestas de futuro, de revisión de nuestro modelo organizativo, y con toda las gentes de nuestro entorno en la revisión de sus tésis y estrategias políticas.
Si esta situación se resuelve en una asamblea al uso, en la que las corrientes y las matemáticas se imponen a la militancia y a la reflexión política no sólo habremos perdido unas elecciones, perderemos la dignidad y la vergüenza ante el millón de personas que a pesar de todo nos siguen apoyando, porque, como dijo en otra ocasión mi amigo curro yo no quiero que desaparezca izquierda unida para que nos demos cuenta de que si no existiera habría que inventarla.
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No he podido porque es evidente que esto es un desastres, que hay mucha culpa del bipartidismo, de los poderes mediáticos, pero también hay mucha responsabilidad de nosotros y nosotras y lo que más miedo me da, no personal sino por el futuro de IU, es como se gestione el análisis de esa responsabilidad. Hoy me animo a escribir porque hemos empezado mal, aunque ese plural inclusivo en realidad no me incluye, por eso corregiré y diré que algunos hemos empezado bien, y otros han empezado mal.
Hemos empezado bien todas las personas militantes que en sus espacios de expresión, sean los que sean, han expresado su tristeza y a la vez sus ganas de seguir adelante, de revisar nuestros errores para mejorarlos, de ser el referente honesto y plural de ese millón de votos que nos ha apoyado y de todos aquellos que lo pensaron en algún momento pero que al final no dieron el paso y que hoy piensan que IU no puede desaparecer.
Han empezado bien las personas que han asumido su responsabilidad sin paliativos, sin paños calientes, sin excusas posibles y han dado un paso atrás, y han abierto un camino para refundar de verdad una fuerza política cuyo principal problema es que no representa a quien aspira a representar.
Sin embargo, han empezado mal quienes no han tardado ni dos días en ver en el resultado la oportunidad de hacerse con el poder de una organización en grave crisis, han empezado mal quienes formando parte de la dirección federal no han asumido corresponsablemente el descalabro electoral junto al coordinador. Han empezado mal quienes no se evalúan a ellos mismos en la tarea política desarrollada en los últimos años o en el trabajo realizado en la campaña electoral.
Espero, como militante, como enamorada de este proyecto político que se llama Izquierda Unida y como amiga de todas las gentes honestas, responsables y profundamente comprometidas con la transformación de la realidad que militan en los lugares más insospechados de la geografía social y política de este país, que se imponga la razón del conjunto y no los intereses de las partes.
Para ello, espero que la comisión creada hoy para abordar el proceso de relanzamiento se comprometa a preparar un proceso asambleario que sea realmente extraordinario para nuestra organización, que por primera vez en nuestra historia se mire en el espejo de la sociedad en la que vivimos y se revise en todas sus tesis con honestidad y voluntad de avance, sin dogmatismos ni ideas preconcebidas y, sobre todo que se cuente con toda la militancia en la formulación de propuestas de futuro, de revisión de nuestro modelo organizativo, y con toda las gentes de nuestro entorno en la revisión de sus tésis y estrategias políticas.
Si esta situación se resuelve en una asamblea al uso, en la que las corrientes y las matemáticas se imponen a la militancia y a la reflexión política no sólo habremos perdido unas elecciones, perderemos la dignidad y la vergüenza ante el millón de personas que a pesar de todo nos siguen apoyando, porque, como dijo en otra ocasión mi amigo curro yo no quiero que desaparezca izquierda unida para que nos demos cuenta de que si no existiera habría que inventarla.


