Dos años después del inicio del caso Severo Ochoa por fin los jueces dan la razón a quien desde el principio era evidente que la tenía, los médicos.
Desde el principio de las supuestas denuncias que utilizó Lamela y Esperanza Aguirre en su particular desmantelamiento contra la sanidad pública, múltiples han sido las voces que han denunciado lo incongruente, interesado y manipulador de las actuaciones que ha desarrollado la comunidad de Madrid, como múltiples han sido las voces de solidaridad y apoyo con los profesionales que, a pesar del permanente abandono a los que les somete la comunidad de Madrid, siguen adelante con su trabajo.
Por fin, ya no hay opiniones que dar, ya no hay posiciones políticas que defender, por fin la verdad, la que siempre defendieron los profesionales del Severo Ochoa, se ha impuesto.
Correspondería ahora que, con la misma celeridad que los responsables políticos de entonces cesaron al doctor Montes de sus responsabilidades, asuman ahora las que les corresponden.
Si Lamela y Esperanza Aguirre tuvieran dignidad política dimitirían de sus cargos, ésto, no eliminaría los innumerables sufrimientos personales y profesionales que han tenido que padecer el equipo médico del hospital, pero al menos cumpliría con lo mínimo que se les puede exigir a los responsables políticos; coherencia y responsabilidad. Por desgracia en este país nadie dimite, aunque en sus errores arrasen con el bienestar ajeno.
Por lo menos, la dignidad profesional y personal que nunca debió ponerse en duda, ha quedado tan intachable como siempre se mereció. Sólo queda felicitarse por la admirable lucha de todos los profesionales del hospital y por su enorme victoria, enhorabuena.
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Desde el principio de las supuestas denuncias que utilizó Lamela y Esperanza Aguirre en su particular desmantelamiento contra la sanidad pública, múltiples han sido las voces que han denunciado lo incongruente, interesado y manipulador de las actuaciones que ha desarrollado la comunidad de Madrid, como múltiples han sido las voces de solidaridad y apoyo con los profesionales que, a pesar del permanente abandono a los que les somete la comunidad de Madrid, siguen adelante con su trabajo.
Por fin, ya no hay opiniones que dar, ya no hay posiciones políticas que defender, por fin la verdad, la que siempre defendieron los profesionales del Severo Ochoa, se ha impuesto.
Correspondería ahora que, con la misma celeridad que los responsables políticos de entonces cesaron al doctor Montes de sus responsabilidades, asuman ahora las que les corresponden.
Si Lamela y Esperanza Aguirre tuvieran dignidad política dimitirían de sus cargos, ésto, no eliminaría los innumerables sufrimientos personales y profesionales que han tenido que padecer el equipo médico del hospital, pero al menos cumpliría con lo mínimo que se les puede exigir a los responsables políticos; coherencia y responsabilidad. Por desgracia en este país nadie dimite, aunque en sus errores arrasen con el bienestar ajeno.
Por lo menos, la dignidad profesional y personal que nunca debió ponerse en duda, ha quedado tan intachable como siempre se mereció. Sólo queda felicitarse por la admirable lucha de todos los profesionales del hospital y por su enorme victoria, enhorabuena.


